1935–1939 Primeros pasos

Pasaje Barolo

En 1935 Integra el taller gráfico Sixto y Leme especializado en afiches de películas, allí aprende todo lo referente a las técnicas de litografía e impresión. Pero su vocación por dibujar lo lleva a integrar en 1936, por recomendación del afichista Otto Durá, el taller de publicidad Amar en la Torre del Pasaje Barolo (vivero de pintores, escultores, y humoristas). Allí dos dibujantes profesionales, Alejandro Mugiatti y Teodoro Piotti, lo inician en el dibujo, el manejo del color y la composición.

Su tío, Rafael Zorrilla, observando su predilección por el dibujo y la pintura, le hizo conocer por primera vez una pinturería donde le regaló todo lo indispensable para pintar al óleo. Los utilizó para pintar el gallinero de su casa poblado de árboles frutales.

A partir de 1937 concurre diariamente a la Sociedad de Estímulo de Bellas Artes para dibujar el desnudo. Integra el atelier de publicidad Mirabelli (también en la Torre del Pasaje Barolo) donde utilizando su experiencia precedente realiza dibujos en tinta y a color con témpera. Allí conoce al pintor y escultor italiano Alcides Gubellini quien le diera acertados consejos sobre sus dibujos y posteriormente guiara sus primeros pasos en la pintura al óleo. Es a quien él reconoce como su verdadero maestro.

En 1939 concurre a la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, posteriormente al Círculo de Bellas Artes para dibujar el desnudo, actividad que mantendrá durante una decena de años. En el Círculo de Bellas Artes conoce al escultor Arturo Dresco y al pintor Alfredo Lazzari.

Posteriormente instala su propio atelier en la Torre del Pasaje Barolo que lo conservará durante veinticinco años.

El Riachuelo, La Boca, los astilleros también retienen su atención por el colorido y la efervescencia laboral. Allí nacen las primeras acuarelas pintadas al natural, actividad que continuará durante varias décadas, también con otras técnicas. Hoy esas obras constituyen un documento de la evolución que ha vivido esa zona.

Desde niño observaba el cielo en la oscuridad de la noche ya que lo cautivaba el movimiento continuo del Universo con la vida Láctea. Ese recuerdo lo incitó, en este período, a querer representar los elementos no de manera estática, sino con su propia expresión, que tuvieran vida. Comenzó en el jardín Zoológico observando y tomando apuntes hasta captar lo esencial de cada animal en su libertad de movimiento y la gracia al desplazarse. La acuarela fue fundamental para lograrlo.

Luego el Jardín Botánico le sugirió que el mundo vegetal se manifestaba también tan dinámico y diverso. La flora y el árbol, en su composición aparentemente estática, desplegaban vida aunque en plena calma y sin cambiar de lugar. Durante horas de trabajo, también aprendió como la naturaleza daba a sus elementos, la mejor manera de equilibrar sus partes y buscar la armonía en su totalidad.

Las plazas de Buenos Aires le permitieron estudiar la espontaneidad de los niños en el juego, los cafés y confiterías captar la vida de los adultos. Así nacieron muchos retratos.