1970-1980

 

Exposición individual Galerie Marcel Bernheim  (France) (octubre 1971)

Zorrilla qui nous vient d’Argentine est un artiste pur véritable, tout est finesse en lui, aussi bien les lignes subtiles, sinueuses, que les tons un peu éteints d’une distinction charmante. Il sait styliser ses personnages (ses paysannes argentines) tout en demeurant vrai, réel. Ses paysages sont non moins délicatement poétiques, une vraie révélation. (Galerie Marcel Bernheim).  Henri Héraut, Revista L’Amateur d’Art  N°483  (21 octobre 1971)

Exposición individual Galería Wildenstein (Mayo 1973)

Manuel Zorrilla expone óleos y pasteles en galería Wildenstein. Este artista porteño de 54 años –discípulo de Alcides Gubellini-, ha sido definido como un “pintor viajero”. Esta fue su actitud cuando se enfrentó con el paisaje argentino y latinoamericano, que reitera ahora en su experiencia europea. El croquis, producto de una visión espontánea –como si fuera un acto intuitivo- , resalta los verdaderos valores del paisaje, en una perceión neblinosa, evanescente, semejante a la evocación de un recuerdo.  Hernández Rosselot, Diario La Razón  26 de mayo 1973

[…] Zorrilla, inscripto en la vertiente tradicional de la pintura, es su amplio y suelto oficio de dibujante (sin el cual no hay, nunca, auténtico pintor). Una línea nerviosa y fina, gran agilidad y sutileza en el trazo, que se vuelve por momentos barroco y a la vez aéreo, y especial aptitud, mediante ese mismo trazo, para edificar el entero, el seguro andamiaje de la tela. […] “Dama joven del siglo XV” y “Procesión de las panateneas”, copia de uno de los mármoles griegos que atesora el Louvre, destacan todavía más esa inusual aptitud de Manuel Zorrilla para el dibujo, su fidelidad para con la línea que nunca es sometimiento, y su agudo poder de observación, que recrea lo visto y lo ubica en un plano de excepcional categoría. César Magrini, Diario El Cronista Comercial  (4 de junio 1973)

Paisajes europeos. Oleos y pasteles expone Manuel Zorrilla en Wildenstein, Córdoba 618. Dueño de los recursos técnicos que exigen los medios que emplea, Zorrilla expresa un mundo no del todo alejado del de Dufy, a quien, acaso por razones temáticas, tal vez por afinidades, recuerda, en especial en sus óleos.  Diario La Nación (26 de mayo 1973)

Los cuadros de un viaje de Manuel Zorrilla. […] Son pocos los que no escatiman en tomar colores y formas, como Manuel Zorrilla. En este momento expone sus cuadros en la Galería Wildenstein. Zorrilla presenta una aptitud especial ya que posee la virtud de un observador que puede reproducir lo visto, con un fino sentido de la realidad. El ambiente de un paisaje y su interpretación siempre fue el fuerte de este artista, en el que la experiencia y el conocimiento de las cosas forman la base, para presentarse en forma poco pretenciosa. |…] los cuadros de Manuel Zorrilla son piezas de un aparentemente mundo sano, siendo obras actuales que nos dan la impresión que en el mundo en el cual estamos obligados a estar vale la pena vivir, por esta razón es importante. Sigwart Blum Diario Argentinisches Tageblatt (27 de mayo 1973)

EL COLOR DE LA MEMORIA. En la serie de óleos y pasteles presentados por Zorrilla en la muestra de Wildenstein se ponen de relieve las instancias básicas que animan su obra: una técnica depurada unida a una obvia fineza de espiritu. No es casual, por lo tanto, que haya recurrido a una técnica tan arriesgada y poco transitada como la del pastel para recrear los grises iluminados del cielo francés o el encendido paisaje veneciano. Se habla de Zorrilla como un artista viajero, esa raza en vias de extinción que apuntaló el arte a través de varios siglos. A lo de viajero, cabría agregar lo de buscador de las eternas fuentes de la belleza. Un ejemplo de integración del artista con el ideal estético del siglo XV es el hermoso retrato de una joven dama francesa de la época, compuesto a la manera de Clouet, que parece resumir en su pose apacible, todo el espíritu que alentó a la preparación de la muestra.  Leda Orellano, Revista 7 Dias Ilustrados  (2 de junio 1973)

 Exposición individual Casa de la Cultura Municipalidad de Avellaneda (junio 1974)

MANUEL ZORRILLA. Al contemplar los cuadros que Manuel Zorrilla exhibe en el Palacio Municipal de Avellaneda, la idea de que lo verdadero es bello, como expresión armonizada de muchas emociones, que la técnica del artista transforma en expresión estética, surge y se hace convicción categórica. […] Los crepúsculos nocturnos, las alboradas nacientes son marcadas sin que la realidad compositiva pierda su emotividad; y de ellos, Zorrilla extrae, ya la melancolía o el alborozo, que trascienden sin efectismos falsos ni caprichosos, del campo argentino. Sus figuras destacan particularmente al alma del tema que describe, cual psicólogo conocedor de las pasiones humanas; y con buen gusto, no recarga los tonos, sino por el contrario, les da transparencia y claridad, con la firmeza de su línea inductiva. En cuanto al retrato, capta la visible percepción de los rasgos característicos, con esa facilidad propia del artista que vive la obra que su espíritu está perjeñado con amor.  […] Zorrilla, por esta senda, ha de conquistar elocuentes satisfacciones, como lo significa ser distinguido con esta invitación de honor hecha en homenaje a sus exposiciones anteriores, por la Municipalidad de Avellaneda, y que tiene una afluencia de público nunca alcanzada en la vecina ciudad, remarcando la obra cultural cumplida hasta la fecha.  Ricardo Bucciardi, Revista Musical ( junio 1974)

Exposición individual Galería América (mayo 1975)

LA CERTEZA DEL COLOR. Hay en Manuel Zorrilla, quien actualmente exhibe sus obras en la galería América (Esmeralda 764), un artista que, entre otras virtudes, convence de inmediato por su seguridad con respecto al color. Un color que se enciende o se amortigua, según sean las necesidades intrínsecas de la obra, y que  encuentra su mejor vía de concreción en los motivos de la naturaleza: flores tropicales, paisajes exhuberantes, un rincón del Tigre sorprendido en su dulzura y en su sosiego. También dibujante de extraordinaria fuerza y de gran poder de síntesis (un desnudo imponente, por ejemplo, lo confirma ampliamente), Zorrilla sabe ir al fondo de las cosas; sus retratos son finos, pacientes, de una elaboración detallada y a la vez fresca y fluida. Y como si todo esto no bastara para dar idea de sus condiciones, un par de esculturas, ágiles, poderosas en su línea, proteicas y dinámicas, completan el panorama de un creador para el cual ninguna de las manifestaciones de la plástica parece ser ajena, y todavía más: que se destaca, con pareja calidad, en todas ellas.  César Magrini, Diario El Cronista Comercial (30 de mayo 1975)

Exposición individual Galería El Nauta “El caballo y su Imagen” (agosto 1976)

MANUEL ZORRILLA. […] La pureza de expresión en un artista es el mejor conducto para su decir. Y Zorrilla lo tiene en grado sumo. Sabe decir lo que quiere decir. Y lo dice sin ambages, tras ahondar en el caballo para transmitirnos con firmeza y seguridad todo cuanto el noble amigo del hombre sería capaz de decirnos.  Alfredo R. Burnet-Merlin, Revista El Caballo  (octubre 1976)

Exposición individual Galería El Nauta “La flora en la plastica de Zorrilla” (diciembre 1976)

Flora y Flores. Los caballos, las maternidades, el paisaje , los retazos de viejos y callados pueblos han sido, más de una vez, temas preferidos por Manuel Zorrilla para su pintura. A veces elegía, a veces recordación, otras afianzamiento de vida, de plenitud. En este último sentido hay que recibir a su actual muestra en la galería El Nauta (Talcahuano 1133, 1er piso), dedicada totalmente a la flora, y a las flores, y a través de técnicas tan surtidas, y hasta disímiles, como la acuarela o las tintas, el pastel o la témpera, la cera o el óleo, ya sea aplicándolas de manera original, o incluso combinándolas. Porque en este aspecto, el de la técnica, Zorrilla ha trascendido ya toda limitación, y puede permitirse, y siempre con los mejores y más reconfortantes resultados, cualquier exploración. La suya es una pintura que vive en la libertad más absoluta: sin esa libertad, no sabría ni podría ser. Riguroso, empero (y siempre perfecto) en el dibujo, su temperamento encuentra terreno propicio, para correr con la desatada alegría del caballo lanzado a campo traviesa, en la opulencia del color.  César Magrini, Diario El Cronista Comercial (14 de diciembre 1976)

 

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